La regla que conservamos después de olvidar por qué
Hubo una razón, alguna vez, para la regla — una mala noche, un fracaso concreto, una promesa hecha después de eso para que esa cosa concreta nunca volviera a pasar. Pasaron los años. La razón se difuminó en algo más cercano a una leyenda que a un recuerdo, mal contada, con detalles faltantes, quizás ya no del todo cierta en su relato. Pero la regla se quedó, intacta, obedecida por costumbre mucho después de que nadie pudiera explicar contra qué protegía. Creo que la mayoría de las familias y la mayoría de las personas cargan con algunas de estas estructuras, todavía en pie, sin memoria del suelo que debían sostener. No toda regla heredada merece conservarse. Pero algunas resultan ser correctas de todos modos, por razones que la razón original ni siquiera había previsto.